Author: Centro Amistad

Dios da vida a los muertos y que llama las cosas que no son como si ya existieran. —Romanos 4:17 Tú estás, literalmente, creando la realidad con tus oraciones y tus palabras. Lo haces todos los días con los pensamientos que tienes, con las palabras que dices, y con las oraciones que, como resultado, estás haciendo. Si bien sigue siendo cierto que la clave para ver todo es primero creerlo, hay, en realidad, evidencia científica para apoyar el concepto de que tus palabras dan forma a tu propio mundo. El ver no siempre produce el creer, pero el creer producirá el ver.

La oración ferviente de una persona justa tiene mucho poder y da resultados maravillosos. — Santiago 5:16, NTV Toda la materia que ves en esta dimensión física es simplemente energía que vibra de tal manera que adopta propiedades estáticas. Cuando eso ocurre, percibes las cosas como sólidos. La materia es, sin embargo, totalmente insustancial. Casi el 99 por ciento de un átomo (que forma toda la materia que existe) es en realidad "espacio vacío". Eso significa que por medio de nuestras confesiones de fe positivas o nuestras expectativas, podemos influir en la manera en que toma forma el mundo que nos rodea. La oración es, en esencia, nuestra oportunidad de hablar el lenguaje del cambio. Cuando tú oras y decretas algo, el significado, el propósito y la fe invertidos en tus palabras viajan en una frecuencia que afecta cualquier cosa y todo lo que fluye a su paso en un nivel subatómico. En este sentido, los pensamientos son, en realidad, cosas. A los pensamientos se les da vitalidad por medio de tu creencia, tus actitudes y tus emociones. Son activados por la ley de la atención concentrada

Pues el Espi?ritu lo examina todo, hasta las profundidades de Dios. —1 Corintios 2:10 Los guerreros de oración que Dios está llamando en esta generación son hombres y mujeres que conocen la voz de Dios. Practican tanto la oración que pueden entrar en una profunda intercesión en un instante. Ellos hacen oraciones justas de desesperada sinceridad que van directamente al corazón de Dios. No es que obtengan respuestas por lo mucho que hablan, sino porque Dios está acostumbrado a tenerlos en la sala del trono y ellos saben que están allí por algo más que sus promesas.

Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran, y se les concederá. Mi Padre es glorificado cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son mis discípulos. —Juan 15:7-8 Dios no promueve a los soldados rasos a generales de un día para otro porque conoce los riesgos. La autoridad sin disciplina es perjudicial tanto para los líderes como para los seguidores. ¿Con cuánta frecuencia hemos visto hombres y mujeres levantados demasiado rápido en el Cuerpo de Cristo solo para estrellarse y quemarse porque se manejaron las cosas a la manera del mundo en vez de hacerlo como les fue enseñado desde el cielo? Todos somos llamados al ministerio, ya sea como gente de negocios, maestros, médicos, abogados, conserjes, artistas, legisladores, o cualquier otra cosa que Dios haya puesto en nuestros corazones. Aunque cada llamado se refiere a una pericia específica y requiere talentos y dones singulares, todos tienen una cosa en común: el éxito está determinado por la habilidad de uno para saber cómo orar y obtener dirección del cielo.

Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac". —Hebreos 11:17–18 Dios dijo que quería que Abraham sacrificara su tesoro más preciado: su hijo Isaac. Ellos fueron hacia el lugar del sacrificio y cuando Abraham alzó su mano para cumplir las instrucciones de Dios, apareció un carnero trabado en un zarzal. Dios proveyó la alternativa, pero no hasta que Abraham se movió en obediencia. La provisión no hubiera aparecido si Abraham no hubiese dado el primer paso. Muchas veces Dios está esperando la acción correspondiente de parte de nosotros para dar paso a estas cosas. ¿Qué estás haciendo para prepararte para eso que has estado declarando y creyendo? ¿Cómo se corresponden tus acciones con tu confianza en que cierto acontecimiento sucederá como resultado de la integridad de la Palabra de Dios?

Allí soñó [fusion_builder_container hundred_percent="yes" overflow="visible"][fusion_builder_row][fusion_builder_column type="1_1" background_position="left top" background_color="" border_size="" border_color="" border_style="solid" spacing="yes" background_image="" background_repeat="no-repeat" padding="" margin_top="0px" margin_bottom="0px" class="" id="" animation_type="" animation_speed="0.3" animation_direction="left" hide_on_mobile="no" center_content="no" min_height="none"][Jacob] que había una escalinata apoyada en la tierra, y cuyo extremo superior llegaba hasta el cielo. Por ella subían y bajaban los ángeles de Dios. En el sueño, el Señor estaba de pie junto a él y le decía: «Yo soy el Señor, el Dios de tu abuelo Abraham y de tu padre Isaac. A ti y a tu descendencia les daré la tierra sobre la que estás acostado. Tu descendencia será tan numerosa como el polvo de la tierra. Te extenderás de norte a sur, y de oriente a occidente, y todas las familias de la tierra serán bendecidas por medio de ti y de tu descendencia. Yo estoy contigo. Te protegeré por dondequiera que vayas, y te traeré de vuelta a esta tierra. No te abandonaré hasta cumplir con todo lo que te he prometido. Al despertar Jacob de su sueño, pensó: "En realidad, el Señor está en este lugar, y yo no me había dado cuenta". —Génesis 28:12–16