Author: Centro Amistad

Así que yo no corro como quien no tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire. Más bien, golpeo mi cuerpo y lo domino, no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo quede descalificado. —1 Corintios 9:26-27 Cuán excelentemente vivimos para reflejar cada día la gloria de Dios es el campo de entrenamiento de nuestra fe. Cuando alguien está en el campo de entrenamiento, aprende a hacer brillar sus zapatos, a mantener su litera impecable, y a mostrar respeto a cualquier otro soldado que esté a su alrededor. Allí también es puesto a prueba. En el campo de entrenamiento se les ponen obstáculos a los reclutas y se les dice que los superen. Si lo hacen, se les ponen obstáculos mayores; si no lo hacen, son enviados de vuelta al final de la línea para volver a empezar. Cuando Dios nos recluta y comienza a trabajar dentro de nosotros para nuestro crecimiento, afrontamos una serie de carreras de obstáculos para superar en oración. La manera en que respondemos a estas situaciones nos mostrará qué gran tarea Dios puede confiarnos.

Por lo tanto, mis queridos hermanos, manténganse firmes e inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo en el Señor no es en vano. —1 Corintios 15:58 Para ver el cambio permanente, debes tener un permanente cambio de paradigma. No abres una senda a través de un bosque tomando un camino nuevo cada vez que lo cruzas. Tienes que ser coherente en tus palabras, oraciones y acciones. Cuando estamos concentrados y tenemos una meta en el pensamiento y el habla, cambiamos permanentemente nuestras percepciones y nuestros hábitos, y así alineamos nuestras acciones con lo que estamos creyendo en oración, creando un estilo de vida de piedad y poder.