Sigue pidiendo y recibirás lo que pides; sigue buscando y encontrarás; sigue llamando, y la puerta se te abrirá. Pues todo el que pide, recibe; todo el que busca, encuentra; y a todo el que llama, se le abrirá la puerta. —Mateo 7:7-8, NTV

Nuestro Padre es un Padre bueno, y quiere que tengas lo que necesitas. Cuando le pides algo, no te va a dar algo que no sirve de nada o que podría ser perjudicial. Pero Él no es una máquina expendedora en la que puedes introducir unas monedas, obtener lo que quieres, y luego alejarte. Él quiere tener una relación contigo. Para tenerla, debes darle lo que quiere: tu corazón. Debes seguir llamando, y buscando si esperas hallar. Tienes que pasar tiempo sentado a sus pies, dejando que Él te enseñe y te purifique. Es la única manera en que puedes quitar la estática de tu propia mente para oír su respuesta.

DILE: Padre, te amo con todo mi corazón, con toda mi alma, y con toda mi mente. No retengo nada de ti. Te pido que obres en mi vida. ¡Hazme más como tú! Hazme un siervo. Tengo hambre y sed de justicia, y tu Palabra dice que seré saciado. Lléname más de ti, Señor. Que nada en mi vida sea igual. En el nombre de Jesús, amén.