Porque todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe. —1 Juan 5:4

Las moléculas de hidrógeno y oxígeno son invisibles al ojo humano, pero por medio de una reacción química se convierten en una sustancia visible llamada agua. Lo mismo sucede con el sodio y el cloruro cuando se juntan para formar sal de mesa. Dios puso en movimiento estos procesos invisibles en la creación para responder continuamente a su Palabra y formar sustancias visibles que se agregan a nuestras vidas. Ha hecho lo mismo en el mundo espiritual. Cada momento de cada día, estamos rodeados de “moléculas” espirituales diseñadas para responder a nuestros pensamientos o intenciones—o para decirlo más bíblicamente, a nuestra fe—para producir milagros. Todo lo que necesitas para la victoria ya existe, pero existe de otra forma, has que se transforme y se manifieste a tu favor por medio de la fe. Llama a existencia lo que ya esta listo para ti, declara, profetiza en tus tiempos de oración. Como el mundo espiritual es causal, tu milagro siempre está en movimiento, ¡solo necesitas alcanzarlo para que se manifieste a tu favor!

PADRE:
Gracias por haber provisto todo lo que necesito para mi misión en el Reino. Gracias por enséñame cómo acceder a los recursos que has puesto a mi disposición. Me niego a conformarme con menos que lo mejor de ti. Es un placer hacer tu voluntad. Que tu Reino venga y tu voluntad sea hecha. En el nombre de Jesús, amén.
Lectura para hoy Romanos 9.