Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! —Santiago 3:5, rv60

Decir lo que queremos—buscar las promesas bíblicas que apoyen nuestros deseos o aquello por lo cual intercedemos, y repetirlas una y otra vez—es relativamente fácil. Cualquiera puede hacer eso. Y aunque es bueno hacerlo, es solo el comienzo. Si tiras de la brida en una dirección pero el resto del caballo no va en esa dirección, ¿de qué vale el freno? Si giras el timón, pero el curso del barco sigue siendo el mismo, ¿de qué vale tratando de dirigirlo? No, solo cuando el resto de nuestro ser se vuelve para seguir hacia donde nos estamos dirigiendo al usar el freno o el timón, es que realmente cambia nuestra vida o la vida de otros por medio de nuestras oraciones. Observa que los vientos de la vida siguen soplando, pero cuando usamos nuestra lengua como timón de nuestras acciones y actitudes, los vientos no controlan a dónde vamos; lo hacen nuestras palabras.

ORACIÓN:

Que tu Palabra renueve mi mente y transforme la manera en que vivo. Yo no solo oigo la Palabra; también hago lo que dice. Las bendiciones me alcanzan porque presto atención a tu voz. Guíame continuamente en tu verdad; enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación. En el nombre de Jesús, amén.

4o día de Oración y Ayuno. Dios desea bendecirte y tu déjate bendecir, sufrirás una transformación.
Si quieres cambios en tu procuralo con diligencia.
2 Timoteo 2: (RVC)
15 Procura con diligencia presentarte ante Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse y que usa bien la palabra de verdad. 16 Pero evita las palabrerías vanas y profanas, porque más y más conducen a la impiedad 17 y su palabra carcome como gangrena; entre esa gente están Himeneo y Fileto, 18 que se desviaron de la verdad al decir que la resurrección ya se efectuó, con lo que trastornan la fe de algunos. 19 Pero el fundamento de Dios está firme, y tiene este sello: «El Señor conoce a los que son suyos»; y: «Que se aparte de la iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.»
20 En una casa grande hay no sólo utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. 21 Así que, quien se limpia de estas cosas será un instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.