Así que yo no corro como quien no tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire. Más bien, golpeo mi cuerpo y lo domino, no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo quede descalificado. —1 Corintios 9:26-27 Cuán excelentemente vivimos para reflejar cada día la gloria de Dios es el campo de entrenamiento de nuestra fe. Cuando alguien está en el campo de entrenamiento, aprende a hacer brillar sus zapatos, a mantener su litera impecable, y a mostrar respeto a cualquier otro soldado que esté a su alrededor. Allí también es puesto a prueba. En el campo de entrenamiento se les ponen obstáculos a los reclutas y se les dice que los superen. Si lo hacen, se les ponen obstáculos mayores; si no lo hacen, son enviados de vuelta al final de la línea para volver a empezar. Cuando Dios nos recluta y comienza a trabajar dentro de nosotros para nuestro crecimiento, afrontamos una serie de carreras de obstáculos para superar en oración. La manera en que respondemos a estas situaciones nos mostrará qué gran tarea Dios puede confiarnos.

ORACIÓN: Padre, me someto a tu campo de entrenamiento divino porque es así como estaré preparado para la misión que me ha sido dado. Invísteme de poder, Señor, para superar cada prueba. Hazme crecer en ti para que esté en forma para mi misión. En el nombre de Jesús, amén.