Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él. —Colosenses 3:17

Nuestras acciones y actitudes tienen que alinearse en la dirección que trazan nuestras palabras. Nos volvemos “perfectos” en palabra y obra cuando ambas se alinean para cumplir aquello por lo cual fuimos puestos en la tierra. Llegamos a ser “íntegros” en el sentido más fundamental de la palabra: hay una alineación del 100 por ciento entre quienes somos en el interior y lo que somos en el exterior. Como el acero u otra aleación con alta integridad, somos puros en motivos y acciones de principio a fin, y de eso proviene gran fortaleza.

DILE: Padre, no te honro solamente con mis palabras, sino que también te honro con mis obras. Porque ando en integridad, habitaré la tierra que reservaste para mí, y permaneceré en ella. Mis labios no hablarán falsedad; mi lengua no proferirá engaños. Declaro que mis hijos son benditos porque ando en integridad. Seré librado en tiempo de angustia. No voy a someter la Palabra de Dios a reproche por no seguir tus caminos. Ando en rectitud, con palabra sana, de modo que nadie tenga que decir nada malo de mí, en el nombre de Jesús. Amén.